Después de ver la final olímpica de baloncesto me surgen muchos sentimientos, y sobre todos ellos prevalece uno, el orgullo.
Orgulloso de un selección que ha plantado cara a una selección estadounidense con sus mejores jugadores NBA, hemos estado ahi hasta el final. Y seguro que se repetirá mucho lo del arbitraje injusto, pero es cierto, que incluso dejando aparte los pasos que no existen en la NBA, si el arbitraje hubiese sido más equitativo posiblemente otro gallo hubiese cantado.
Haber estado ahi hasta el final ya era toda un proeza, y lo que se ha hecho es más.
Para mí, la selección española de baloncesto ha ganado.
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